El Beso de la Muerte (Kiss of Death)
En la segunda parte de la película “El Padrino”, Michael Corleone besa a su hermano Fredo, advirtiéndole que ha descubierto su traición y que va a morir por ello. Éste ritual mafioso escenificado por Al Paccino y John Cazale en el film de 1974, ha cuajado de tal forma en la sociedad que ha traspasado las barreras cinematográficas, para utilizarse en múltiples contextos.

Un claro ejemplo es que en 2004 los investigadores Aaron Ciechanover, Avram Hershko e Irwin Rose fueron galardonados con el Premio Nobel en Química por el descubrimiento del mecanismo que bautizaron como El Beso de la Muerte, por el que las proteínas se degradan tras recibir una “marca molecular”, la Ubiquitina.
Una célula produce una cantidad ingente de proteínas para cubrir las necesidades estructurales y funcionales de la misma. De todas las proteínas que se producen, como se puede esperar, no todas “salen bien” del proceso de producción, y han de ser degradadas. Otras es posible que se tengan que eliminar porque la célula sólo necesita que estén activas durante un tiempo, y un mantenimiento de su actividad puede generar desórdenes indeseados.
Todas estas proteínas se degradan en una estructura en forma de barril llamada proteasoma, un “triturador” de proteínas cuya alta conservación a lo largo de la evolución, resalta su importancia en la homeostasis celular. Esta eliminación de proteínas debe estar correctamente regulada, de forma que solo se degraden las proteínas que interesa degradar. Para ello, proteínas que regulan este sistema marcan con ubiquitina, y condenan a la proteína marcada a su fragmentación en el proteasoma.

Pero en biología molecular otro mecanismo ha sido bautizado como beso de la muerte, y es la destrucción de células infectadas por patógenos por parte de los linfocitos TCD8 o Citotóxicos.
Todas nuestras células están constantemente enseñando fragmentos de moléculas de su interior. De forma que regularmente se muestran fragmentos de todos los tipos de moléculas, en su mayoría fragmentos de proteínas degradadas en el proteasoma. Pues bien, si una célula se infecta por un virus, éste producirá sus proteínas que también se mostraran en superficie. Los linfocitos CD8 van por el medio extracelular “viendo” o reconociendo lo que enseñan las células. Lo normal es ver fragmentos de moléculas propias, y si ven fragmentos de algo reconocido como “extraño” se activan y destruyen la célula. Podría valer el ejemplo de un tendedero exterior de una casa. En él normalmente se muestran las vestimentas por las que podemos reconocer a las personas que viven dentro. Si por ejemplo de repente entrara a vivir un militar, lo sabríamos al ver su uniforme.
Los linfocitos cuando reconocen la célula infectada se unen íntimamente a ella, de forma que en el mínimo espacio entre ellas “suelta” sustancias que van a provocar poros en su membrana, así como sustancias que van a atravesar los poros para provocar la muerte de la célula desde dentro. Estas proteínas llamadas perforinas y granzimas, son las que forman los poros y la muerte respectivamente.
Esta unión estrecha que termina en muerte se bautizó también como beso de la muerte.
Aquí os muestro un vídeo que ilustra el evento:
Cuidad con que intención os besan…
